Salón de la Fama del Beisbol Venezolano: votar por estos tres, hasta que entren

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Luis Raven, Juan Carlos Pulido y Richard Garcés / Imágenes cortesía
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Este año, una vez más, este columnista ha recibido una planilla de votación por parte del Salón de la Fama del Beisbol Venezolano, responsabilidad que se agradece y se toma muy en serio. De nuevo, aquí se postulará a Luis Raven, Juan Carlos Pulido y Richard Garcés como merecedores de la posteridad.

El firmante incluirá en la boleta a estos tres personajes hasta que pase una de dos cosas: 1): sean elevados a los altares, como les corresponde. 2): desaparezcan del listado por vencerse el lapso de elegibilidad. Son tres votos repetidos desde hace demasiado tiempo.

Pulido, el pitcher zurdo con más victorias en los archivos de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional, se marchó al término de la temporada 2008-2009, hace quince años; Raven, sexto en el escalafón vitalicio de cuadrangulares de la LVBP, tomó su último turno durante el campeonato, 2006-2007, casi dos décadas atrás; y Richard Garcés, el relevista con más salvados en la memoria de la pelota local, se despidió durante el mismo certamen que Pulido, de modo que El Matador lleva rato viendo los toros desde la barrera. A juzgar por su contribución al beisbol venezolano, este triunvirato debería haberse ganado la eternidad hace mucho.


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Lamentablemente, siguen como ánimas del purgatorio, expiando quién sabe cuál pecado ¿Es porque no fueron estrellas en Grandes Ligas o, en el caso de Raven, porque nunca llegó hasta allá? Esa sería una visión reduccionista y chata del Salón de la Fama del Beisbol Venezolano, rebajado a coto cerrado para la alta burguesía criolla bajo la Gran Carpa, a anexo de Cooperstown para venezolanos. Bajo ese parámetro, Robert Pérez debió ser obviado (por fortuna, su estandarte ya ondea en Valencia).

Raven
Luis Raven / Cortesía

Evidentemente, aquellos conciudadanos florecientes en el circuito de pelota más exigente del planeta han de ser miembros natos de este cenáculo, al margen de lo hecho o dejado de hacer en la LVBP. No obstante, es menester recalcar que la Liga Venezolana de Beisbol Profesional es la nave capitana, el casco central de una estructura capaz de generar talento de exportación a mares. Los sumos sacerdotes del ámbito nacional también merecen la canonización. Raven, gran slugger, Pulido, formidable monticulista, y Garcés, egregio cerrador, entran en esa categoría.

Tres cupos más por la inmortalización al Salón de la Fama del Beisbol Venezolano

El sistema para seleccionar a los miembros del Salón de la Fama del Beisbol Venezolano admite un máximo de seis escogencias por elector. Quedan tres espacios libres y uno está apartado para reconocer la contribución de Magglio Ordóñez al engrandecimiento del beisbol en este país. Ordóñez es uno de los mejores bateadores criollos de cualquier época y eso es imposible rebatirlo.

Entre sus coterráneos con al menos tres mil turnos acumulados en Grandes Ligas, Ordóñez presenta el promedio de por vida más alto: .309. Dentro de esa misma comunidad, solo Miguel Cabrera supera su OPS global de .871 y su slugging general de .502. Apenas Abreu y Cabrera le ganan a su porcentaje de embasado (.369). Entre los bigleaguers quienes comparten su nacionalidad, Ordóñez es tercero en jonrones (294), cuarto en remolcadas (1.236), séptimo en hits (2.156), sexto en anotadas (1.076) y quinto en dobles (426). Solo cinco de sus paisanos recibieron más invitaciones al Juego de Estrellas (lo llamaron seis veces). Dentro del terreno siempre jugó limpio. Uno no concibe una razón para negarle el voto.


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Todavía quedan dos óvalos para rellenar para el Salón de la Fama del Beisbol Venezolano y el próximo va destinado a Ramón Hernández, quien hasta el desembarco de Salvador Pérez era el más completo entre los catchers venezolanos a escala vitalicia, con la venia del recordado Baudilio Díaz. Sobresaliente careta dentro del Circo Máximo, el cumanés fue una estrella duradera de la LVBP, con .289 de promedio en 16 zafras y .415 de slugging, además de animar las veladas de postemporada. Hernández, miembro del Pabellón de la Fama del Caribe, tiene un caso inobjetable.

Queda únicamente un cuadrito por sellar y será para Alexander Ramírez, eternizado este año en el beisbol japonés, cuya calidad solo se subordina ante Major League Baseball. Para .301 golpeó Ramichan durante 13 certámenes en Nippon Professional Baseball, con 383 bambinazos, 1.287 producidas, .522 de slugging y .858 de OPS. En una nación acostumbrada a reverenciar lo propio y recelar de los forasteros, Ramírez alcanzó un grado de idolatría rara vez profesada a un extranjero, al punto de ser el primer latinoamericano a quien se lo confió la responsabilidad de dirigir.  

Alex Ramírez
Alex Ramírez en su exaltación al Salón de la Fama Japonés / Foto: Nikkan Sports

Ojalá el año entrante ya no sea necesario emplear la mitad de las casillas para honrar a peloteros que hace bastante debieron ser divinizados, como Raven, Pulido y, sobre todo, Garcés, cuya postergación genera desconcierto. Así se abriría campo para distinguir a figuras que también merecen la eternización, como Carlos Guillén, Kelvim Escobar y Oscar Salazar. Debe seguir considerándose expedientes como el de Tomás Pérez.

Por cierto, hay entre los candidatos al Salón de la Fama del Beisbol Venezolanoun un caso controvertido que merecería otra entrega de Con Los Ganchos por sus aristas éticas, entrecruzadas con los méritos deportivos.      

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