Para los Mets, intensidad de Álvarez va mucho más allá de su juventud

Andres Espinoza
Andres Espinoza
The Enquirer
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Francisco Álvarez ha dejado en evidencia su potencial como bateador y como receptor en su primera temporada completa con los Mets de Nueva York. El tipo de herramientas que llevó a los scouts a nombrarlo como uno de los mejores prospectos del béisbol hace apenas algunos años, se han desplegado en el campo para un conjunto que, si bien ha decepcionado con su desempeño global, tiene varios motivos para sonreír con miras al futuro. El venezolano, indudablemente, está entre las principales.

Pero algo en particular que ha gustado mucho en el dugout de los metropolitanos es la intensidad con la que juega el máscara. A sus 21 años de edad y con menos de 100 juegos disputados en las Grandes Ligas hasta ahora, para muchos puede ser algo obvio que el nativo de Guatire esté dejando absolutamente todo en el terreno de juego, con miras a poder establecerse en el máximo nivel y no generar ningún tipo de dudas en las oficinas del equipo con respecto a su futuro. Si bien eso puede tener mucho que ver, el mánager Buck Showalter está convencido de que la entrega de su jugador va más allá de las velas en su torta de cumpleaños.

«Hay personas que simplemente están enganchadas en la competición», le dijo Showalter a la prensa norteamericana. «Cuando comenzamos a hacer algunos cambios, no estaba preguntándose qué pasaría ahora. Se trataba de un nuevo reto. En verdad le gusta ganar«.

Solo conoce una velocidad

Con un poder natural que lo había llevado a despachar 21 cuadrangulares antes de la jornada de este jueves, Álvarez está más que acostumbrado a trotar por las almohadillas con tranquilidad. No obstante, cuando es evidente que una de sus conexiones permanecerá en el terreno de juego, la promesa demora muy poco en encender el motor de sus piernas y acelerar hasta donde su cuerpo se lo permita.

El mirandino suele hacer giros con fuerza al cruzar por la primera almohadilla y no titubea a la hora de recoger a los corredores cuando está detrás del plato. Y después de que sus habilidades como receptor fueron puestas en tela de juicio por varios aficionados y expertos durante los pasados entrenamientos primaverales, Álvarez se aseguró de trabajar lo suficiente como para convertirse en uno de los mejores mascoteadores de la liga.

«No pienso que eso sea solo porque tiene 21 años«, indicó Showalter. «Cuando tenga 31, no dejará de presionar ese botón. En verdad disfruta jugar béisbol y tiene ese tipo de energía contagiosa que hace que la gente quiera respaldarlo. Pero no pienso que será algo que desaparecerá«, añadió.

Su pasado fortalece el futuro

A pesar de que Álvarez llegó a las mayores con gran algarabía por su estatus de prospecto estelar, el criollo siempre ha exhibido un estilo de juego que suele ser más característico de aquellos peloteros sin gran renombre, que saben que la única opción que tienen para recibir oportunidades es con producción y en grandes cantidades.

Quizás esa hambre de querer impresionar en todo momento tiene que ver con sus raíces y aquellos años en Venezuela en los que intentaba ganar fuerza levantando bolsas de cemento en las construcciones en las que trabajaba su padre. Mientras tanto, pulía su coordinación de ojos y manos con su abuela, que le lanzaba granos de maíz para que los bateara.

«Cuando profundizas en su pasado, en las cosas que ha superado para poder llegar hasta aquí y ser quien es hoy en día, no creo que vaya a dejar que todo se le salga de las manos por falta de esfuerzo o de compromiso«, expresó Showalter.

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