Oppenheimer: el legado que navega entre el genio, el ego, la traición y la culpa

Rowerth Goncalves
Rowerth Goncalves
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J. Robert Oppenheimer puede ser considerado fácilmente como el personaje más importante del siglo XX. Su genio, su trabajo y su legado marcaron la centuria pasada, en especial la creación de la bomba atómica la que no solo ocasionó el fin de la Segunda Guerra Mundial, también fue detonante de eventos que definieron eventos futuros a la época. El director Christopher Nolan hizo una película que puede ser considerada como una pieza de arte y que será revisitada en el futuro. En ella muestra al genio, pero también al humano que fue el director del laboratorio de Los Álamos como parte del proyecto Manhattan.

Siempre ávido de aprendizaje J. Robert Oppenheimer decidió irse a Europa para estudiar la física cuántica, cuando regresa a Estados Unidos comienza a dar clases en Berkeley hasta que es reclutado por el General Leslie Groves para ser el líder de la parte técnica-teórica del Proyecto Manhattan y crear un arma definitiva. Su propia ambición por el conocimiento lo lleva a unir a un gran grupo de científicos y fundar un pueblo, Los Álamos en Nuevo México. Tras conseguir el éxito del proyecto, empieza a sufrir sentimientos de culpa por lo que ha creado, mientras se enfrenta a una audiencia en el que se pone en vilo su lealtad a los Estados Unidos.

La base histórica

Antes de escribir sobre la película hay que hablar del Proyecto Manhattan, de la prueba Trinity y del legado que dejó la era atómica. En 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, Alemania tenía ventajas sobre los países aliados. El ejercito alemán ya había conquistado Polonia y Francia, atacado el Reino Unido, y llevaban un camino recorrido en la física para el uso armamentístico.

Fue en ese año cuando el gobierno de Estados Unidos prioriza el construir armas con un poder destructivo inimaginable y le dan el mando técnico a Oppenheimer. Un año antes Japón había perpetrado el ataque a Pearl Harbor, el mayor golpe que recibió la nación americana en la Segunda Guerra Mundial.

Tras 3 años de desarrollo, el 16 de julio de 1945 en el desierto de Nuevo México, se hizo la prueba de una bomba atómica, llamada Trinity. El miedo era real porque había una posibilidad que se desatara el incendio de la atmósfera y se acabara el mundo, pero para el “bien” del mundo la prueba resultó un éxito y 20 días después Harry Truman apretó el botón rojo que envió la bomba “Little boy” en el avión Elona Gay a Hiroshima, 3 días después hizo lo mismo en Nagasaki y demostró el poderío nuclear y a su vez la fragilidad del mundo.

Desde ese momento se inició una carrera armamentística de dispositivos de destrucción masiva que tuvo a Oppenheimer como uno de sus principales detractores. El físico entendió que se había convertido en muerte y que su vida cambió para siempre desde ese 6 de agosto de 1945 y los meses que le siguieron y que dejaron más de 200 mil muertos. Sabía que si continuaban ese camino las consecuencias serían inimaginables porque la teoría tiene un límite, la práctica no.

Este breve recuento histórico da una dimensión de lo que era Oppenheimer y lo que se logró en Los Álamos. Cuando “Oppie” dejó de ser necesario y comenzó a alzar la voz, su propio gobierno buscó la forma más civilizada de silenciarlo para poder continuar creando bombas que serían cada vez más destructivas.

El mundo de Oppenheimer y su maestría técnica

Ver la nueva película de Nolan es un lujo. Todos los aspectos técnicos de la cinta son impresionantes y es obvio cuando se grabó en un formato IMAX 15/70mm (es 4 veces más que el formato 4K), una definición inmersiva. Pero además de lo técnico, es un ejercicio de guion y de actuación.

La historia está contada desde dos puntos que se marcan por el color y el blanco y negro (este se realizó por primera vez para este formato), este último el renglón que le debería asegurar el Oscar a Nolan como director. En el color vemos a Oppenheimer y el camino para crear la bomba, mientras que el blanco y negro vemos a Lewis Strauss, un personaje que se presenta bastante ecléctico hasta el tercer acto y que tiene un rol determinante en el futuro de Oppenheimer.

Hoyte Van Hoytema hizo un trabajo espectacular con la fotografía. Escenas que tienen colores muy vívidos para luego pasar a un tono solemne hasta las escenas en un blanco y negro que roza lo perfecto.

Otro gran aspecto técnico es el sonido. Ludwig Goransson hace una banda sonora imponente, pero el departamento de sonido encabezado por Willie Burton, Richard King y Randy Torres, recrearon con mucha precisión los estruendos, en especial en la prueba Trinity, una escena que va a estar en los libros de cómo hacer cine.

Oppenheimer dura 3 horas y su guion tiene la precisión de un reloj suizo. 3 actos, cada uno en una hora y que se marcan por un gran evento. Además de tener dos premisas que se van intercalando hacen que la cinta basada en el libro American Prometheus, escrito por Kai Bird y Martin Sherwin en 2005 (y con el que ganaron el Pulitzer a mejor biografía) tenga un ritmo de thriller y hasta de una película de terror psicológico.

Crear al personaje

En las actuaciones Cillian Murphy ofrece el mejor papel de su vida. Mostrar las diferentes caras del “destructor de mundos” y mostrar la emocionalidad que había en él te hace empatizar con el personaje. Oppenheimer se muestra egocéntrico, pero también con un profundo amor por la justicia. Su propio intelecto no lo deja mostrar un abanico de emociones, pero hay momentos en los que se siente vulnerable y Nolan trabaja esas situaciones con un sonido ensordecedor.

En la cinta vemos a un Oppenheimer que no oculta su origen (acaudalado del Upper East en Nueva York), pero que tiene ideas sobre la izquierda, la igualdad y que además se adelanta a las cosas. La teoría de los agujeros negros tuvo su origen en “Oppie”. Murphy tuvo el reto de mostrar todas esas dimensiones. Ver al protagonista de la historia con esa lucha interna, en la que no demuestra todo lo que siente en el momento, es sencillamente magistral.

Otros que destacan son Robert Downey Jr. y Matt Damon quienes se lucen como Strauss y Groves, el primero un almirante con afán de reconocimiento y el segundo con un temperamento y un sentido de patriotismo que lo hará hacer hasta lo inimaginable. Emily Blunt como Kitty hace una de sus mejores actuaciones, ella se muestra rota, con alcoholismo, pero con la capacidad de llevar a Oppenheimer a Tierra y decirle las cosas tal cual son.

El elenco de Oppenheimer está plagado de estrellas, la participación de algunas incluso puede ser tomada como un cameo, pero cada una le aporta algo importante a la historia y te va resolviendo situaciones.

La “terrible” posibilidad latente

Al final de la cinta te das cuenta la importancia para la humanidad que tuvo ese evento histórico y lo que significó Oppenheimer.

Odiado por muchos, querido por otros, pero que sentó las bases no solo de las guerras actuales, fue el inicio de la Guerra Fría, marcó un precedente para que se crearan las Naciones Unidas, redefinió las armas de guerra, hizo reflexionar al mundo por un momento sobre el rumbo y la extinción, fue pilar para el estudio de agujeros negros y demostró que la inteligencia de una persona puede ser utilizar para el bien y para el mal. Además, le permitió a Nolan crear una cinta de referencia obligada en el futuro y nos hizo disfrutar del cine.

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