En MLB: ¡A robar se ha dicho!

Carlos Valmore
Carlos Valmore
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El ensanchamiento de las almohadillas está agilizando a la MLB. Durante las primeras cuatro jornadas de 2023 se registraron 70 bases robadas, casi el triple con respecto a las 25 alcanzadas durante el mismo periodo en 2022. Esta dinamización le estaba haciendo falta al beisbol, que se había sedentarizado en demasía porque los pocos corredores en circulación se limitaban a sacar sus sillas de extensión mientras esperaban el aventón de los jonroneros.

Nunca como en esta era de cuadrangulares cobró vigencia aquella frase atribuida a Mickey Mantle sobre los todopoderosos Yanquis de los años cincuenta y principios de los 60: “¿Para qué correr por las bases si podemos trotar por ellas?”

Correr, sin embargo, es más divertido que trotar y eso lo captaron los Focus Group ordenados por Major League Baseball para conocer las preferencias de su público, sobre todo de las nuevas audiencias. MLB, adicta a los vuelacercas por más de dos décadas, ahora quiere un beisbol más rápido, en tiempo y espacio. Para fomentarlo se aprobaron normas como el reloj para pitchers y bateadores, el agrandamiento de las colchonetas, las limitaciones a los virajes de los lanzadores hacia las bases y la prohibición de los llamados shifts.

A las primeras de cambio, todo está resultando.

Tanto el número total de robos como el porcentaje de éxito en las estafas se han incrementado de manera exponencial durante los albores de esta innovadora zafra de 2023. Jorge Mateo, infielder de los Orioles de Baltimore, es el cabecilla de los ladrones con cuatro escamoteos, equivalentes a casi 10% de la cifra máxima alcanzada el año pasado, cuando Jon Berti, de los Marlins de Miami, punteó la estadística con 41, ¡y no llevamos ni el 1% del calendario! Estamos presenciando una transformación potencialmente revolucionaria.


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¿Volverán los años ochenta, cuando Rickey Henderson y Vince Coleman se burlaban más de cien almohadillas? Es improbable que eso suceda de inmediato, entre otras razones porque corredores excepcionales como ellos no crecen como la verdolaga. Más bien, el sistema había castrado a peloteros de esas características porque preferían a los forzudos trotadores.  

Los años ochenta eran distintos. Había equipos como los Cardenales de San Luis que basaban su éxito ofensivo en la velocidad. En 1982, los Cardenales de Whitey Herzog ganaron la Serie Mundial luego de quedar últimos en jonrones de las Grandes Ligas, pero segundos en robos. Con ese formato dominaron la Liga Nacional en 1985 y 1987.

La máxima de Earl Weaver, “pitcheo, defensa y jonrones de tres carreras”, fue reformulada por Herzog, quien la transformó en “pitcheo, defensa, y robos de dos bases”. ¿Saben cuál fue el último conjunto que llegó a la Serie Mundial luego de comandar a su circuito en apropiaciones indebidas? Los Rays de Tampa de 2008, si bien esos Rays quedaron quintos en la columna de bambinazos a escala colectiva.

Nadie debe esperar, no obstante, que los jonrones caigan en desuso. Han sido años de adoctrinamiento, desde ligas menores, para que los toleteros hagan swing hacia arriba. La industria se programó para eso. Muy posiblemente veamos convivir a trotadores y corredores. Si hay un momento para el otorgamiento de nuevas membresías en la hermandad de los 40-40 (40 jonrones, 40 robos) es este. Atención, Ronald Acuña Jr. Pendiente, Mookie Betts.     

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