La LVBP no puede ser aliviadero para el gamberrismo

La LVBP y los ocho equipos que la componen deberían hacer entender que esta liga no es zona de tolerancia para drenar bajas pasiones
La LVBP debe tomar medidas estrictas / Cortesía TW Caribes

La LVBP y los ocho equipos que la componen deberían hacer entender, a quien no lo entienda, que esta liga no es zona de tolerancia para drenar bajas pasiones ni aliviadero para el gamberrismo. Es una institución con casi ochenta años de existencia ininterrumpida y por la cual han pasado inmensos personajes de este deporte. Si quiere hacerse respetar, debe tomar medidas ejemplarizantes contra quienes la abochornaron, delante del mundo entero, la noche del sábado.

Aplicar las más severas sanciones previstas en el Código de Ética y Disciplina para nada garantiza que los penosos acontecimientos acaecidos en Puerto La Cruz jamás vuelvan a repetirse. Pero al menos enviará la señal correcta: aunque esto sea el Caribe, y acá no se ganen millones de dólares, los peloteros, técnicos y directivos deben comportarse como gente, nunca como forajidos ni camorreros. Si ese mensaje llega eficazmente, la LVBP preservará su dignidad. De lo contrario, se contentará con ser mera espectadora de cómo en su interior se engendra la barbarie.

Afortunadamente, la mayoría de los jugadores, coaches, trainers y ejecutivos tienen plena conciencia del respeto que le deben, no ya a la liga, ni a sus clubes, sino a sí mismos. Varios beisbolistas manifestaron este domingo su repudio a lo sucedido. Uno de ellos, en conversación informal, expresó con lucidez cuál es la postura correcta que deben asumir los uniformados que pueblan la LVBP.

“Al ver todo lo que pasó, sentí pena ajena”, apuntó este pelotero. “Es lamentable cómo dañaron la imagen de la liga y de nuestro gentilicio. Fue un sabotaje a nosotros mismos. Somos profesionales que venimos a jugar beisbol a una liga seria, de buen nivel, en la cual todos los equipos tienen grandeligas en sus nóminas. Para eso nos pagan, no para pelear. Y lo que siento es que ahora hay algunos que vienen con ganas de pelea”.



Este domingo Gleyber Torres, segunda base de los Yanquis de Nueva York, escribió en sus redes sociales que el tiempo de las retaliaciones contra las celebraciones efusivas quedó atrás. También criticó con dureza a los defensores de los códigos no escritos. “El beisbol cambió y ustedes siguen dañando los momentos por SUS reglas no escritas de la época vieja. Aprendan y pasen la página”, opinó el infielder de 25 años de edad.

Algo similar piensa el pelotero con el cual conversamos. “Yo he jugado en República Dominicana. Allá te ‘perrean’ hasta por una base por bolas y cuando volteas a tu cueva ves a todo el mundo riéndose”, compartió su vivencia. “Una cosa como la que pasó en Puerto La Cruz difícilmente la veas allá. Se gozan su juego y esa manera de vivir el beisbol la están llevando a las Grandes Ligas. Yo siempre le digo a los compañeros más jóvenes: ‘no hay perreo que le duela más al rival que derrotarlo’. Así se responden los perreos, no con los puños. A mí me pagan por jugar beisbol, no por boxear. Debemos portarnos como profesionales que somos”.

Difícil decirlo mejor.  

La riña migró a las redes sociales

En esta época de redes sociales, las repercusiones de los acontecimientos se replican sin control ni concierto. Hemos visto cómo jugadores, tanto de los equipos protagonistas de la riña tumultuaria de Puerto La Cruz (Tiburones de La Guaira y Caribes de Anzoátegui) como de otros clubes han atizado el conflicto en sus perfiles. El peligro con esto es que el conflicto escale más allá de los involucrados y se vuelva un todos contra todos, una guerra sin fin.   

Tal vez algunos de los opinadores ignoran que se exponen a multas, y hasta suspensiones, según el Código de Ética en su artículo 21, numeral cinco:

“Aquel jugador, técnico, directivo o cualquier otra persona que forme parte de algún equipo de la LVBP o de la LVBP, que a través de declaraciones por cualquier medio de comunicación o en las redes sociales (en cuentas confirmadas), use un lenguaje ofensivo o burlesco en contra de cualquier otro jugador, técnico, directivo o cualquier otra persona que forme parte de algún equipo de la LVBP o de la LVBP, será suspendido de 3 a 15 juegos. En este caso, la Junta Directiva de la LVBP podrá optar, en razón de la gravedad de los hechos, de sólo imponer multa de acuerdo con lo previsto en el numeral 9 del artículo 20 de este Código, o de imponer la suspensión aquí prevista, bien sea con imposición adicional de multa o no”.

Ojalá que los involucrados en las reyertas se hayan percatado de cuánto afearon la imagen de la Liga. Esa toma de conciencia, desde luego, sería más eficaz que los castigos a efectos de erradicar comportamientos como los ya referidos. La Liga debe hacer lo que le corresponde: aplicar puniciones que sirvan de escarmiento, siempre a partir de su propio reglamento.

Tal vez sean necesarias represalias más drásticas. No ahora, pues eso sería legislar para la coyuntura, pero sí para el próximo certamen Si la Liga no se da a respetar, pocos le profesarán respeto. Pero debe quedar claro que a la LVBP no se viene a hacer lo que no se puede en Grandes Ligas. La LVBP no es santuario para la incivilidad, ni un estado fallido donde prima la ley del más fuerte. Quien así lo crea, mejor se queda en Estados Unidos acatando los semáforos y observando los límites de velocidad.     

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