En su última visita a Miami, Cabrera es recordado por su impacto hace 20 años

Andres Espinoza
Andres Espinoza
The Associated Press
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Miguel Cabrera recibirá un nuevo homenaje este fin de semana, pero si bien cada uno de ellos guarda un lugar especial para el pelotero, el que se avecina podría ser uno de los más importantes de todos. Se trata de la ceremonia que organizarán para él los Marlins en Miami, la ciudad que vio nacer al venezolano en las Grandes Ligas y donde vivió sus primeros momentos memorables, incluyendo su única coronación en la Serie Mundial. Los peces honrarán la trayectoria del maracayero antes del choque del viernes y al día siguiente tendrá lugar el «Día de la Herencia Venezolana» en el LoanDepot Park.

Cabrera, en su vigésima primera y última campaña como peloteo activo en el máximo escenario, se estrenó con los Marlins en 2003. Si bien su debut es recordado por aquel cuadrangular de dos rayitas para dejar en el terreno a los Rays de Tampa Bay, las cosas no empezaron tan bien para el dos veces ganador del premio MVP, que fracasó en sus primeros cuatro chances en el cajón de bateo como ligamayorista.

«Podía sentir esa energía en el dugout, como diciendo que quizás no estaba listo, lo que era injusto», recordó el exlanzador Dontrelle Willis, compañero de Cabrera en ese equipo, en declaraciones recogidas por MLB.com. «Es su primer día, estamos jugando contra los Rays. Recuerdo haberle dicho a Derrek Lee que él iba a estar bien».

Batalla para el ascenso:

Si bien Cabrera estaba dejando en evidencia con su desempeño en las menores que estaba listo para la siguiente prueba, en el seno de los Marlins hubo dudas sobre si ascenderlo en ese momento sería la decisión correcta. El gran problema era que el criollo venía defendiendo la antesala en su tiempo en las granjas y Miami (Florida en ese entonces) ya tenía a un tercera base estelar en Mike Lowell.

«Algunas personas dentro de la organización no lo querían ascender«, aseguró Jack McKeon, mánager campeón con la divisa ese año. «Tuvimos una gran discusión al respecto. Les dije que no me importaba, que íbamos a descubrir si podía jugar en los jardines. Por fin pude convencerlos de que lo subieran», agregó.

A pesar de que muchas de esas dudas se incrementaron cuando «Miggy» falló en esos cuatro turnos iniciales con los Marlins, el mismo madero del cuatro veces campeón bate se encargó de despejar la incertidumbre con el primero de los más de 500 bambinazos que ha despachado como grandeliga.

«Conectó ese misil hacia el jardín central y los dejó tendidos. Y el resto es historia«, indicó Willis.

Un pelotero diferente:

Ese año, los Marlins contaban con un equipo que lucía mediáticamente modesto, lleno de jugadores con experiencia, pero de poco renombre, como Lowell, Juan Pierre y Alex González, entre otros. Sin embargo, terminaron siendo la prueba de que la química en una organización puede llevar a la magia, no solo alcanzando el «Clásico de Otoño», sino también superando a los todopoderosos Yankees de Nueva York para alzarse con su segunda y última corona hasta la fecha.

Uno de los momentos más recordados de ese duelo fue el jonrón que le sacudió el novato Cabrera al legendario Roger Clemens. Pero más allá de su destacada contribución en el campo, el toletero simplemente llevó una vibra distinta al dugout de los peces, algo que los llenó de combustible para llegar a la línea final.

«Miggy siempre fue y sigue siendo un tipo divertido», comentó Pierre. «No se tomaba las cosas muy en serio, lo que es bastante irónico con los jóvenes, que por lo general llegan a presionar poque quieren mantenerse arriba. Nos motivó a todos los demás y luego comenzamos a jugar bien. Es alguien especial, generacional. Es de quien le cuentas a tus hijos: «Yo pude jugar con Miguel Cabrera«.

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