Arráez, los Mellizos y una historia que estuvo a punto de no ocurrir

Andres Espinoza
Andres Espinoza
USA TODAY Sports
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Luis Arráez estuvo muy cerca de renunciar al béisbol. El campeón bate de la Liga Americana en la temporada pasada no estaba previsto a ser el venezolano, ni tampoco el toletero que mantuviera a aficionados y expertos al filo de sus asientos en cada turno de la presente temporada, con la esperanza de que pudiera convertirse en el primer bateador en décadas en finalizar una campaña de las Grandes Ligas con un promedio de .400 puntos o más. Todo eso estuvo al borde de jamás ocurrir.

Cuando el nativo de San Felipe se convirtió en elegible para firmar en el famoso julio 2 de 2013, con 16 años de edad, la mayoría de los scouts voltearon la mirada hacia otras promesas.

No fue hasta el 6 de noviembre de ese mismo año cuando los Mellizos de Minnesota decidieron jugársela con el joven paleador, que para ese momento – decepcionado – ya había tomado la decisión de renunciar al béisbol y buscar su futuro en algún otro lado. Cazatalentos y coaches lo mantuvieron lo más posible en su academia ubicada en Bejuma, pero Arráez estuvo tanto tiempo allí, que el reglamento obligó al personal a dejarlo ir.

«Las reglas no nos permitían mantearlo allí más tiempo», le explicó el scout de los Mellizos, Rafael Yánez, a The Ringer. «Y el dinero para firmarlo no estaba llegando. Así que tuvimos que decirle que no teníamos dinero en ese momento y que tenía que irse a casa. Casi renunció».

El cuento de la iguana

Para cualquier personal de los Mellizos que estuvo involucrado en ese proceso con Arráez, lo que ocurrió después tiene un título inolvidable: la historia de la iguana. Justo cuando la frustración se apoderó del entonces adolescente y lo empujó a buscar otras opciones en su vida, algo cambió en el último instante.

«José León me dijo que no tenían dinero para mí», recordó el criollo, refiriéndose al coordinador de scouts de los Mellizos en Venezuela para ese momento. «Le dije a mi mamá que no quería jugar más béisbol, que iría a la escuela. Salí con mi hermano a caballo por algunas horas y estábamos lanzándole piedras a las iguanas con resorteras.

«Lancé algunas con la mano también, pero nunca le pegué a ninguna. Le dije a mi hermano que iba a marcharme a la escuela y que abandonaría el béisbol. Me comentó lo bueno que era bateando la pelota y que no debería rendirme. Regresamos a casa y le dije a mi mamá que no más béisbol para mí. Pocos minutos después, José León estaba en mi casa y me preguntó que si quería firmar en ese momento, que tenía 40.000 dólares para mí».

A pesar del pequeño bono, Arráez sí quiso firmar. León, quien ahora se desempeña como consejero de scouts internacionales, recuerda muy bien la actitud de Arráez en ese momento.

«La mentalidad de Luis nunca fue sobre el dinero, sino que estaba dirigida a firmar«, expresó.

La vieja escuela rescató a Luis Arráez

Bajo los actuales parámetros para firmar prospectos, el camarero de los Marlins de Miami sencillamente no habría recibido nunca una oportunidad. Así lo reconoce Yánez, quien sabe que prospectos de hoy en día con las mismas características difícilmente consigan la ventana para probar lo que probó la «Regadera».

«Si firmas a Arráez hoy, posiblemente no logre salir de la liga de novatos con la forma en la que todos están evaluando«, indicó Yánez. «Están esperando poder de estos muchachos y parece que la paciencia no es demasiado para tipos así. Así que esperamos que le pueda ir todavía mejor y la industria cambie un poco gracias a él«.

Al final, la evaluación visual – en detalle – terminó siendo la diferencia para que el público pudiera disfrutar de uno de los mejores bateadores de la actualidad.

«Si evalúas a tipos con las mismas características que Arráez y lo haces con métricas y videos, no van a resaltar, olvídalo», dijo Yánez. «Tienes que ir a verlo en persona y ni siquiera en un ‘tryout’, porque no va a demostrarte poder. Tienes que verlo en juegos«, cerró.

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